Marlene Gonzalez

Marlene Gonzalez

viernes, 24 de noviembre de 2006

PARA IRNOS DE NOVIOS CON LA VIDA

Estoy recordando cierta ocasión en que una niña muy pequeña enfermó por primera vez. El amante padre recién estrenado, creyó que su pequeña nunca enfermaría y en su desesperación de debutante sólo atinaba a pelearle a la madre, a acusarla con razones nada ciertas que lo único que hacían era sumar un dolor al que ya sentía ante la certeza de que su nena estaba a punto de su primer ingreso hospitalario.

Niños que tropiezan y caen por su natural torpeza, sufren pequeños accidentes naturales antes los ojos alertas de madres y padres y ahí mismo viene la discusión que en ocasiones se torna hasta violenta y no faltan insultos y ofensas. Hay gente así, por poner un ejemplo.

He sido testigo de tanta gente violenta, de gente que cree siempre tener la razón y tener el derecho a insultar y dominar a otros: padres, madres, hermanos, jefes, amigos, que a veces uno siente como que se hacen marcas en la piel y el alma.

La gente es necesaria, somos esa gente que labora, discute, defiende, cumple, ordena, piensa, sueña, ama.

A situaciones críticas lo primero es la serenidad, que es precisamente, la mejor aliada de la reflexión, luego ha de venir la unión de la familia, de todos.

Vale quedarse con la gente buena, con esa gente de ley, que da la sensación de que estando cerca o lejos nada terrible puede pasar, esos que te hacen grande o te empequeñecen con solo una mirada, gente que te comprende y te anima. Vale tener como amigos a esos, los imprescindibles, los que dejan la fiesta para ir prestos al reclamo del triste, o esos que se ríen de nuestros chistes cuando nadie ríe, con esos que demuestran lo que valen cuando caemos. Con los que creen en los jóvenes y les dan la mano para que se salven.

Busquen y hallarán diversidad de gente de esas tan necesarias a las que me refiero: Hay gente que con sólo decir una palabra enciende la ilusión y los rosales. Que con sólo sonreír nos invitan a viajar por otras zonas, nos hace recorrer toda la magia. Hay gente que con sólo dar la mano rompe la soledad, que con solo empuñar una guitarra hace una sinfonía.

Hay gente que con solo abrir la boca llega hasta todos los límites del alma, alimenta una flor, inventa sueños, hace cantar el vino en las tinajas y se queda después como si nada. Y uno se va de novio con la vida, desterrando la muerte. De esa gente debemos aprender y en esos confío.

Sabemos que a la vuelta de la esquina hay gente que es así tan necesaria. Y esa, esa gente justa que razona, es la que tiene que erigir los monumentos en la historia de los hombres, porque son las que limpian las zarzas del camino para desterrar la muerte y para irnos de novios, para siempre, con la vida.

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