El caso de mi amiga es lamentable Ella me cuenta cómo los cambios bruscos de su esposo la tuvieron días en la sospecha de una traición. A veces dudaba y quería creer que sólo fueran citas de trabajo lo que lo mantenían alejado e indiferente del hogar lindo y confortable amasado con los esfuerzos de los dos durante más de veinte años y donde una hija buena e inteligente ha llenado de risas su existencia. Mi amiga no quiso involucrar a nadie, siguió pistas y "ató cabos" y al fin lo sorprendió en short y chancletas, acabado de salir del baño de su amante. No es ficción.
Si ella no lo hubiera visto con sus propios ojos, no lo hubiera creído, pero el caso es que ahora él dice que ella es celosa.
Si de veras hay un tema polémico es el de los celos. Creo que la gente no elige el sufrimiento como un modo de vida. Menos sufrir por celos pues aunque muchos se nieguen a creerlo, los celos son una mezcla de tantos sentimientos que pueden acabar con el ser humano que no logre sobreponerse a ellos.
Aunque algunos juzguen a ciegas a quienes lo han padecido, los celos normales existen. Se pueden sentir celos de los padres, de los hermanos, los amigos, celos de la consideración de los jefes, de los compañeros, del afecto de un profesor; pero para los que han experimentado como mi amiga, son los de pareja, los más crueles. Representan, según estudios, una de las pasiones humanas más intensas y destructivas. Es el momento en que te percatas de que esa persona que amas ha violado tu derecho de propiedad, ha violado tu paz, ha violado irremediablemente tu confianza.
Estudiando sobre el tema he encontrado un análisis que explica cómo la persona celosa siente su orgullo herido y refiere además cómo en las situaciones de celos hay más de amor propio que de amor a otros. Hay más amor a uno mismo que a la propia pareja. Son tantos sentimientos diferentes mezclados: cólera, odio, crueldad, ansiedad, tristeza, ridículo, vergüenza, que no es un secreto que a muchos los han llevado a lo peor.
La antropóloga Margaret Mead, se refiere a que no son los celos medidas del amor, sino de la inseguridad e inferioridad ya sea por los atributos del cuerpo, envejecimiento, embarazo, economía, etcétera, o sea, situaciones y circunstancias en que la psiquis puede reaccionar diferente, pero estos distan mucho de los celos patológicos originados de la fantasía.
Sin embargo en pequeñas dosis los celos son buenos. Según el cubano Alberto Orlandini, doctor en siquiatría, hay celos útiles, pero eso depende de cómo se manejen. En ocasiones los celos representan un aviso, una señal, que más bien protegen la relación y te dan la oportunidad de establecer en calma y confianza ese ameno diálogo que tanta falta hace en las parejas. Una pizca de celos ha servido para despertar de la monotonía de una relación o para que el marido, que sólo tenía vida para su trabajo se dé cuenta de que tenía a su esposa abandonada.
Habría que tener mucho cuidado con los celos posesivos que son celos sin amor donde uno de los dos, digamos, por poner un ejemplo, después del divorcio, sigue aferrado a que su ex no puede volver a casarse y hacen todo lo posible, aunque ya tenga otra u otro, por no perder lo que fue suyo: persecución, colmar de atenciones, ayuda económicas, pero en muchos casos estos celos pueden convertirse en odio y arremeter hasta con violencia física y manipulación de los hijos.
Hace poco en una entrevista para la Televisión la conductora me preguntaba si era celosa. Uno no debe ser tan absoluto en una respuesta. En esto no es que uno sea o no sea, sencillamente los seres humanos ante circunstancias podemos reaccionar con muestras de celos. Creo que nos afectamos en todos los sentidos y no vale la pena. Sí disfruto mucho poder confiar. Hay tanto quehacer y tanto apuro por vivir que no vale la pena perder tiempo si no llegan las señales. De todas formas de vez en cuando él me dice que el carnicero me duplica la cuota y que por algo será y yo le digo que su perfume enamora y que no se lo ponga más. Ambos sabemos que hace falta, pero en la dosis exacta.
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