A la tía Bel la calificaban de extravagante por su liberal forma de conducirse en la vida. No le interesaba casarse, paseaba por diferentes lugares, incursionó sin fundamento en la pintura, la música, el baile y sus relaciones amorosas, nada serias, siempre fueron afímeras. Nunca derramó una lágrima de amor.
A los sesenta. Desapareció un día. No fueron síntomas de locura, la tía Bel sabía claro lo que hacía. La encontraron muy feliz en un asilo. Allí presentó a Julio un viejo amigo de otros tiempos, al que había elegido para que la acompañara en la muerte.
Es en síntesis que aún no termino, la historia de la tía Bel, enviada desde España por una lectora. Nada de ficción. Y aunque otros puedan ver en este relato algo de extravagancia, yo, en esta historia singular, encuentro mucho de razón, y un ejemplo al que afianzarnos para no perder el ánimo y el sosiego escudriñando en juventud, para encontrar la compañía a la medida que se ha empeñado en no dar señales de vida.
En Líneas paralelas ilustramos con datos numéricos la desproporción de mujeres ante hombres y con ello dimos un poco de aliento, pero parece que muchas no cambian la marcha para que los caminos logren cruzarse.
No es mala suerte, no es que a ti te pase lo peor, ni que seas fea o qué sé yo. Nunca olvido esta frase de una amiga que siempre me daba aliento en días tristes y me hacía sonreír: Siempre hay una tinaja vieja para un jarro sin asa. Nuestra compañía anda por ahí, caramba, a veces tan cerca que no la vemos, pero persistentemente tienen que poner un cubierto de más en la mesa, por si llega.
Tiene tantas ventajas la juventud y mira que la dejamos ir buscando la pareja ideal. Llorando por los rincones, tiradas en una cama perdiendo energías y dejando de hacer. Con tanto que hay que hacer. Es como enfocarnos solo a nosotras y que la luz de la linterna no nos deje ver que allá afuera que la vida linda asoma por la puerta.
La soledad evoca una falta, una carencia, algo que se nos va o no llega y mientras, estamos solos. Pero si miras bien, encontrarás que uno es capaz de contar consigo mismo. La sensación de la libertad es algo anhelado que se nos va negando en el ocaso. Tenlo en cuenta.
Por eso la tía Bel, le dijo un día a su sobrina: No escribas sobre el amor. Eres demasiado joven. No me digas que has estado enamorada varias veces, eso no importa. Deja eso para el final.
Cuántas personas, hombres y mujeres habrán derrochado su juventud. Cuántos hogares habrán construido y cuántos, por inmadurez, por errores, habrán destrozado para, al final, terminar tristes y solos.
Pasados veinte años la tía Bel murió. Bel se había retirado para morir. Fue Julio, quien apoyado en un bastón entregó aquella nota que decía.
Nos equivocamos. Nos pasamos la existencia buscando a la persona ideal para vivir. Pero lo importante es saber elegir con quien queremos morir.
Marlene Gonzalez
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