Marlene Gonzalez

Marlene Gonzalez

sábado, 15 de junio de 2013

Padres para siempre



El mejor legado de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día.
 León Battista Alberti.

Quizás sea porque deba existir este Día o quizás sea porque precise que alguna vez en el calendario sintamos la necesidad de recordar el tiempo que llevamos amándonos o quizás sea porque hoy no sabes cuánto nos queda para vivir contigo, tocándonos, hablándonos, extrañándonos o quizás sea porque tenemos que decirles a las personas que amamos cuánto las amamos. A tiempo. Dilo hoy porque nunca se sabe.
Mañana será el Día del Padre. Otro día más, pero un día Especial porque te tengo o porque no estás o porque te has ido definitivamente.  No siempre hijos y padres  se juntan en  esta fecha. Sólo suspiros llenarán el espacio y te traerán a mí por el vacío que da la ausencia, pero comoquiera te recordaré, te llamaré, te visitaré o besaré una flor y la pondré en tu losa.
 Quizás sea porque uno se queda con las ganas de que eternamente alguien nos proteja del desamparo en los ciclones, en el trueno, en las brujas o los aullidos de los perros en la medianoche y de que nos dé cobija  o nos cuente de su padre, de las luchas de la familia, del tío que fue al  África, de la tía que cumple Misión, del mendigo que vivía en la alcantarilla o nos diga tirados en la yerba y el rocío, cuál es la Osa Mayor o si en la Luna se divisa una vieja colando café.  Siempre estaremos en deuda con los padres porque siempre habrá razones, cuántas razones para amarlos desde pequeños.
Hoy es un buen día, papá, para darte las gracias por permitir que  estemos. Por encender la hoguera en los días de lluvia y montarnos “a caballito” para llevarnos a la escuela. Por extender tu mano al llegar a ti en aquella carrera loca por la guardarraya al caer la tarde, para alcanzarte cuando regresabas de un duro día de trabajo y quizás porque detrás de tu perenne sonrisa tenías un hambre tan vieja como tu existencia.
Cuántas razones para amarte, pa, aunque no estés cerca de mí: gracias porque en aquellos días en que los doctores no aseguraban mi vida no te separaste de mi cama y dice mamá que tú decías que sí, que yo tendría que vivir porque tenía que hacerme grande y nos iríamos juntos a hacer una fiesta de la vida. Porque juntos sembraríamos maíz, frijoles, cañas, rosas; o nos iríamos a la fábrica, a la montaña, al río.
 Hoy  nos sentimos orgullosos  de que seas el abuelo de nuestros hijos, que aunque poco te vean saben que allá lejos hay un “abuelo- compay”  y les hablamos de ti, de tu tesón,  de tu inteligencia, de tus escapadas por la puerta de internet  para encontrarnos, de tus achaques, de tus éxitos, tu constancia, que son virtudes que heredamos. Que no olvidas ni guardas rencores porque la vida camina y nosotros… quizás no estaremos contigo porque a veces, los sueños…Pero todavía estamos, viejo, y haremos que cada día sintamos la alegría de que estás ahí, con tus vejeces, con tu historia, con todo lo que has hecho para darnos esta talla de gente que vale, que responde, que se alza hasta la bandera  y por las tantas reflexiones juntos ante la toma de las decisiones.
Gracias por aconsejarnos sobre la vida, la gente, los amigos, los amores, las torpezas, las mentiras, las incomprensiones; por darnos tu tiempo para que  crezcamos creyendo en ti, aun cuando hayas fallado.  Por animarnos a seguir adelante durante las sorpresas de la vida, por tener a alguien siempre dispuesto a ayudar, por enseñarnos cómo rasurarnos, por darnos la bienvenida cuando entramos a este mundo para ser tus compañeros en aventuras, por  felicitarnos el día de nuestra  graduación por ser nuestro modelo de Papá, y hasta por  ensañarnos entre tantas y tantas cosas, cómo amar y respetar a Mamá.

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