El mejor
legado de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día.
León Battista Alberti.
Quizás sea porque deba existir este Día o quizás sea porque precise que alguna vez en el calendario sintamos la necesidad de recordar el tiempo que llevamos amándonos o quizás sea porque hoy no sabes cuánto nos queda para vivir contigo, tocándonos, hablándonos, extrañándonos o quizás sea porque tenemos que decirles a las personas que amamos cuánto las amamos. A tiempo. Dilo hoy porque nunca se sabe.
Mañana será el Día del Padre. Otro día más, pero un día Especial
porque te tengo o porque no estás o porque te has ido definitivamente. No siempre hijos y padres se juntan en esta fecha. Sólo suspiros llenarán
el espacio y te traerán a mí por el vacío que da la ausencia, pero comoquiera
te recordaré, te llamaré, te visitaré o besaré una flor y la pondré en tu losa.
Quizás sea porque
uno se queda con las ganas de que eternamente alguien nos proteja del desamparo
en los ciclones, en el trueno, en las brujas o los aullidos de los perros en la
medianoche y de que nos dé cobija o nos
cuente de su padre, de las luchas de la familia, del tío que fue al África, de la tía que cumple Misión, del
mendigo que vivía en la alcantarilla o nos diga tirados en la yerba y el rocío,
cuál es la Osa Mayor o si en la Luna se divisa una vieja colando café. Siempre estaremos en deuda con los padres
porque siempre habrá razones, cuántas razones para amarlos desde pequeños.
Hoy es un buen día, papá, para darte las gracias por
permitir que estemos. Por encender la
hoguera en los días de lluvia y montarnos “a caballito” para llevarnos a la
escuela. Por extender tu mano al llegar a ti en aquella carrera loca por la
guardarraya al caer la tarde, para alcanzarte cuando regresabas de un duro día
de trabajo y quizás porque detrás de tu perenne sonrisa tenías un hambre tan vieja
como tu existencia.
Cuántas razones para amarte, pa, aunque no estés cerca de
mí: gracias porque en aquellos días en que los doctores no aseguraban mi vida
no te separaste de mi cama y dice mamá que tú decías que sí, que yo tendría que
vivir porque tenía que hacerme grande y nos iríamos juntos a hacer una fiesta
de la vida. Porque juntos sembraríamos maíz, frijoles, cañas, rosas; o nos
iríamos a la fábrica, a la montaña, al río.
Hoy nos sentimos orgullosos de que seas el abuelo de nuestros hijos, que
aunque poco te vean saben que allá lejos hay un “abuelo- compay” y les hablamos de ti, de tu tesón, de tu inteligencia, de tus escapadas por la
puerta de internet para encontrarnos,
de tus achaques, de tus éxitos, tu constancia, que son virtudes que heredamos.
Que no olvidas ni guardas rencores porque la vida camina y nosotros… quizás no estaremos
contigo porque a veces, los sueños…Pero todavía estamos, viejo, y haremos que
cada día sintamos la alegría de que estás ahí, con tus vejeces, con tu
historia, con todo lo que has hecho para darnos esta talla de gente que vale,
que responde, que se alza hasta la bandera y por las tantas reflexiones juntos ante la toma de las decisiones.
Gracias por aconsejarnos
sobre la vida, la gente, los amigos, los amores, las torpezas, las mentiras,
las incomprensiones; por darnos tu tiempo para que crezcamos creyendo en ti, aun cuando hayas
fallado. Por animarnos a seguir adelante
durante las sorpresas de la vida, por tener a alguien siempre dispuesto a ayudar,
por enseñarnos cómo rasurarnos, por darnos la bienvenida cuando entramos a este
mundo para ser tus compañeros en aventuras, por
felicitarnos el día de nuestra graduación por ser nuestro modelo de Papá, y
hasta por ensañarnos entre tantas y
tantas cosas, cómo amar y respetar a Mamá.
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